En la trastienda de un servicio de catering pasan muchas cosas, pero todas tan ponderadas y previstas que parece que no pase nada.
La necesidad hecha virtud, como explica Fran Benítez, director de Catering Vilaplana. “El cliente de nuestro servicio quiere seguridad, y eso se consigue con un trabajo de planificación”.

Esta máxima responde a lo imprevisible del entorno y su incidencia en la comida. “La gente se adelanta o se atrasa, vienen el doble o la mitad, requiere una gran capacidad de respuesta”, observa Roberto Iagonel, responsable de cocina. La prioridad es que lo caliente, “esté caliente”. De hecho, la comida sigue un riguroso proceso de selección, siendo tan importante su calidad y sabor, como la capacidad de adaptación al procedimiento de envasado, transporte y regeneración por calor.
Los platos salen a sala bajo la atenta dirección de Rubén Falcón, que prevé cada posible circunstancia y apunta al arranque como “el momento más crítico”. La gente llega hambrienta y sedienta lo que puede provocar el colapso en las barras o en la salida de la comida.
Toda una coreografía estudiada y dispuesta para que, todo lo que pase en el catering, sea que comensales y anfitriones queden satisfechos.

Fuente: ElConfidencial